abril 11, 2021

El dilema de los recicladores

Avanzaba lentamente en plena mañana por la casi desierta calle 14 de Mayo, entre Herrera y General Díaz, en el casi dormido microcentro de Asunción, empujando su precario carro de reciclador.

Se detenía junto a los contenedores y las canastas de desperdicios. Hurgaba concienzudamente, con reconocido oficio, abriendo las bolsas, buscando los objetos que podían servir para comercializar. Se disputaba cada pieza valiosa con algún gato callejero que también revolvía la basura, buscando alimento.

Allí, a media cuadra de un conocido centro comercial ahora cerrado y sumido en silencio, lo encontró el reportero gráfico Andrés Catalán. Le llamó la atención el vistoso cartel con la provocativa leyenda que lucía en la parte delantera del carrito. Le pidió permiso para sacarle una foto y él hombre accedió, posando altivo, desafiante.

No quiso dar su nombre. Dijo que su mensaje está resumido en esa inscripción tosca, hecha con marcador grueso sobre una plancha de cartón reciclado. “Yo sé que está prohibido salir a trabajar, sé que es peligroso y que me puedo contagiar y hasta me puedo morir, pero si me quedo en casa esperando que se acabe el virus, mis hijos se van a morir de hambre, porque ya no tenemos qué comer. La ayuda del Gobierno nunca llega”, dijo en su vehemente guaraní. Y encerró su declaración en una popular, expresiva, vehemente expresión: “¡Hendy!”. La situación arde. Quema.

“Que nos permitan trabajar con protección”

Plácido Vera, también de profesión reciclador, desde su lugar de recolección en la zona de Cuatro Mojones, límite entre las ciudades de Asunción, Lambaré, Villa Elisa y Fernando de la Mora, pide que las autoridades autoricen de nuevo la actividad de las empresas de reciclado con medidas de protección, para evitar que miles de humildes familias en todo el país padezcan hambre.

“En mi caso, trabajo en este oficio desde hace muchos años y por primera vez la empresa que nos compra los productos que reciclamos, que se llama Brasur, ha tenido que cerrar sus puertas. Aunque podamos salir a reciclar medio a escondidas, no tenemos a quién venderle y nuestras familias ya están sufriendo por falta de comida”, indica.

Vera sostiene que el 30 por ciento de los trabajadores informales del país son recicladores. “No veo por qué tienen que prohibir este oficio esencial, si se tienen en cuenta las medidas de protección. Por ejemplo, como se hace en otras partes, que la empresa nos reciba en horarios bien establecidos, por turnos, cuidando bien la distancia para que no haya posibilidad de contagio, por supuesto usando tapabocas”, propone.

Él se dedica principalmente a recolectar chatarra, objetos de hierro, aluminio, cobre, bronce, que son los elementos que más valora la empresa a la que revenden, pero otros se dedican a juntar plástico, cartones, papel, vidrio. “Ahora nos quedamos con nuestras cargas acumuladas, sin poder vender, sin poder conseguir plata para alimentar a nuestras familias. Si esto se alarga, vamos a tener graves inconvenientes y vamos a tener que salir a reclamar”, manifiesta.

F:UH

Related Posts